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Catfish, zopencos en la red
¿Cuántas veces te has metido en internet y has terminado chateando con alguien a quién no conoces? Seguramente más de una, es algo típico en nuestros tiempos, una posibilidad tan sencilla como divertida y que, utilizada con cabeza, no tiene mayor peligro e incluso puede aportarte información de calidad en determinadas situaciones <MODO ABUELA CEBOLLETA ON>el mejor consejo de mi vida me lo dio alguien a quién nunca conocí, hace 18 años, cuando nos conectábamos a internet a través de compuserve con un modem lento y ruidoso<MODO ABUELA CEBOLLETA OFF</>.El problema de chatear online es el problema general de internet (y de los medios y hasta de la vida real), que no todo lo que ves o lees debes asumirlo como cierto y que las medidas de cautela deben extremarse cuando empiezas a contar cosas personales y a abrirte completamente a alguien convertido, sin conocerlo en absoluto, en la persona más importante de tu vida. Tan fácil conocerse la teoría como comprobar cuanta gente es incapaz de ponerla en práctica y termina por hacer planes de matrimonio con personas a las que jamás ha visto más allá de una fotografía en la que, por supuesto, están cachas y pintones. Y aquí es donde entra en acción el programa de MTV Catfish, basado en un interesante documental del mismo nombre, rodado por una persona que sufrió personalmente el desengaño de comprobar como aquella chica que tanto le gustaba nada tenía que ver con la realidad.
En Catfish se siguen las historias de personas que han conocido a alguien por internet y que, tras un tiempo, sienten la necesidad de encontrarse cara a cara, de vivir de verdad ese amor o esa amistad intensa que han forjado. Personas que no saben cómo hacerlo o temen el resultado final y que prefieren la compañía de un desconocido que ha pasado por el mismo trance que hacer las indagaciones correspondientes. Estas personas, al menos en los dos episodios que se han podido ver en MTV, están tan entregadas a esos hombres con los que mantienen una ciber-relación de casi un año que nada de lo que puedan escuchar o ver les resulta extraño, en una actitud de negación total que resulta francamente enfermiza.
En los tiempos de internet como medio de comunciación prioritario, no resulta extraño que los jóvenes establezcan relaciones profundas con personas a las que no han visto jamás, pero sí resulta extraño que no se pasen el tiempo conectados al videochat con la misma naturalidad con la que construyen esta relación. Si en un año solo has visto tres fotografías de una persona que afirma no poder conectarse a la webcam es que algo falla. ¡Pero si el presentador del programa es lo primero que hace para ponerse en contacto con ellos!.
Otra insensatez ¿cuantos de vosotros tendríais una relación con alguien a quién no conocéis y no se os ocurriría buscar su nombre en Google? Yo desde luego no tendría duda y en este caso nos demuestran que es realmente útil, pues el programa apenas tarda dos clicks en encontrar un montón de mentiras en la historia que cuenta uno de los protagonistas. Tan facilón y evidente como poco utilizado. Pero claro, el sentido común no es una de las virtudes de estas chicas.
Tras las pesquisas, el programa concluye con el encuentro entre los protagonistas de la historia, encuentro que al menos ayer resulta ser una decepción, pues al otro lado de los tíos buenos de la foto se esconden una mujer con sobrepeso y un hombre sin trabajo y cuatro hijos de una relación anterior. La primera reacción es de rabia y tristeza, aunque me llama la atención que el programa consiga que estas dos personas terminen hablando y dándose explicaciones, algunos incluso terminan siendo amigos, como nos explican en el cierre de la historia tras un seguimiento de algunos meses. Lo más divertido de todo, que el programa se preocupa de encontrar a la persona real que está tras las fotografías con que se produce el engaño y se la presentan a la pobre chica engañada que, ahora sí, puede empezar una relación de verdad con aquel del que creyó estar enamorada durante meses.
Empaquetado como entretenimiento y reality, me parece que este tipo de programa es muy educativo y podría fácilmente haberse emitido en TVE, pues este tipo de cosas son más servicio público que algunos bodrios que nos venden como tal. Aunque para eso, habría que conseguir que la gente joven viera TVE.
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Rómpame a los concursantes con cuidado
Hasta ahora en televisión solo habíamos visto programas de golpes y trompazos en clave de humor, desde el más clásico formato de vídeos caseros hasta cosas como Impacto Total, de las que todos los implicados acostumbran a salir ilesos, pasando por los descerebrados de Jackass. Son formatos más o menos violentos en sus consecuencias, que no pasaban de un par de magulladuras y chichones, al menos en lo que se retransmitía en pantalla. Y aún queda por llegar Fear Factor, que no tardará.Sin embargo, una vez más por culpa de la necesidad de reiventarse y llamar la atención con entretenimiento extremo, empiezan a aparecer nuevos formatos que pueden convertirse en un grave riesgo para los implicados quienes, llevados por el afán de protagonismo, fama y también, por supuesto, dinero más o menos fácil, se dejan enredar en programas que, por muy controlados que estén, no están exentos de riesgo.
Lo acabamos de ver en Gran Hermano, un caso que debemos reconocer como accidente desafortunado, cuando uno de los concursantes no entendió el sistema de acceso a la casa y se lanzó al vacío, con la mala suerte de romperse los dos húmeros. Quizá hubiera bastado con que la organización le hubiera informado de que había una tirolina por la que debía deslizarse, pero seguramente nadie imaginó que un hombre de más de 30 años se lanzaría en plan superman sin evaluar las consecuencias primero o escuchar las indicaciones de sus compañeros. Sea como fuere, la culpa no es de nadie más que de la producción del programa, entre cuyas responsabilidades está evaluar riesgos y tener en cuenta todos los posibles escenarios cuando se trata de una prueba de estas características.
Los protagonistas de estos realities no tienen miedo, no porque sea un caso extremo de valentía, sino porque asumen que todos los riesgos que se les plantean están controlados. Existe una fe ciega en la televisión que provoca en el espectador una necesaria tensión que le hace seguir pegado al programa, mientras sus concursantes entregan su alma y su cuerpo al programa, como si nada malo pudiera pasar, tanto más cuanto más ajenos al medio son. Es cierto que, tras pasar por Grandes Hermanos, Operaciones Triunfos y Expediciones Imposibles, no son pocos los que se quejan de las malas condiciones del concurso pero, mientras están allí o incluso en el proceso previo, todo es alegría y aventura, todo es ilusión y se firman contratos leoninos en los que se entrega cuerpo, alma e integridad física con la esperanza de que, detrás de esos papeles, haya gente consciente de las limitaciones del ser humano, de cada ser humano en particular y de los posibles accidentes.
Y hay que ser extremadamente cuidadoso, pues no vale con tener seguros contratados que protegen a televisiones y concursantes de cualquier posible eventualidad, seguros que no deben ser baratos y que, a la vista de la evolución de los concursos, acabarán por serlo aún menos, pues la escalada de dificultad en estos formatos empieza a ser delicada. O la partida del presupuesto dedicada a esta cobertura es muy grande o quiera la fortuna que no pasé nada malo y tengamos un susto importante.
El último ejemplo lo tenemos en los programas acuáticos que preparan Antena 3 y Telecinco, donde los famosos deben tirarse desde trampolines de distinta altura, arriesgándose a lesiones de carácter muscular como la sufrida por Sonia Ferrer o, como le ha ocurrido al ex-gran hermano Piero, una rotura de tímpano derivada de una mala caída, que no es un problema menor. “Temo” (ojo al entrecomillado) también por la salud de Lidia Lozano, que hace tiempo comentaba en Sálvame sus problemas de espalda, agravados por una mala sesión de baile en plató, y que ahora no tiene inconveniente en sumarse a los saltos de trampolín (Lidia: la natación es buena para la espalda, pero la de gorrito y brazada suave, no esta).
Como será la cosa que gente joven y con carrera como la cantante Soraya se ha echado atrás en el concurso antes de entrar en su fase más activa y a pesar de tener firmado ya el compromiso y haberse publicado su nombre. Ha debido ver que los riesgos eran mayores que la posible campaña de promoción de su nuevo disco y no ha dudado en rescindir un seguramente suculento contrato, con muy buen criterio y beneficiada por la buena relación que tiene con la cadena, con la que ha colaborado en anteriores ocasiones.
¿Veremos alguna lesión más en los próximos días? ¿Estará el público interesado en ver el programa por esos cuerpos más o menos estilizados embutidos en sus bañadores de latex o por reírse de los planchazos inhumanos que con toda seguridad se van a suceder? Tiendo a creer que será más por lo segundo, pues no hay posible rivalidad entre un carpado con doble mortal y un buen planchazo de Raquel Mosquera pero ¿es esto edificante? ¿vamos camino como dice Sonia del snuff tv?
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#Gracias Sara
No conozco absolutamente de nada a Sara Carbonero, no sé siquiera si es una chica simpática, si es buena compañera o si entre los profesionales de su cadena y la competencia está bien considerada, no sé absolutamente nada de ella salvo que es guapa, que tiene éxito en su trabajo, que es la novia de uno de los futbolistas más renombrados del país y que trabaja como periodista deportiva en una de las cadenas de mayor audiencia de España. En conclusión: es envidiada.Envidiada sanamente por muchos, que desearían ser tan guapos como ella, tener una pareja tan estupenda o un trabajo tan lucido. Maliciosamente por otros, que entienden que nadie con estas características puede llegar a donde está solamente teniendo buena genética, buena química y buen hacer profesional. Son estos últimos los que siembran de maldad las redes sociales cada vez que surge la oportunidad de criticar a Sara, arrastrando consigo a los otros que, sin mayor maldad, siguen bromas como la de #Gracias Sara con ejemplos de mucha gracia y ninguna intención de dañar. Y así es como se forman las bolas de nieve mediáticas.
Podríamos quitarle importancia, de hecho no la tiene si nos paramos a pensar que, después del desahogo, la protagonista de la mofa sigue siendo igual de guapa, sigue teniendo el mismo novio estupendo y sigue trabajando en lo que le apetece, probablemente con mayor relevancia y exposición mediática, lo que solo revierte en un mayor número de contratos publicitarios con los que llenarse el bolsillo. Sin embargo, a mí estas bromas empiezan a cansarme un poquito y no por achacar este tipo de comportamientos al machismo, aunque a veces me planteo, igual que Carme Chaparro, si el pitorreo sería el mismo caso de ser Sara un tío feo que vive en casa de su madre a los 40 y solo interviene ocasionalmente en los partidos con conexiones a pie de campo para contarnos las chorradas habituales que a este encargado de la información deportiva le toca asumir. Porque ¿no me negaréis que la mitad de lo dicen los comentaristas en una retransmisión no es pura paja para rellenar minutos? obviedades que cualquiera podría comentar con el que tiene sentado al lado mientras engulle un puñado de palomitas o traga media lata de cerveza. Pero claro, no son Sara. Y sí, es cierto, no son pocas las veces que se ha criticado a Sergio Sauca o Nico Abad por cosas parecidas pero ¿han salido después en la prensa protagonizando escarnio público? ¿ocurre algo similar casi cada vez que salen? Yo al menos no lo recuerdo.
En este caso además, el detonante de la guasa no fue tanto la respuesta de la periodista, como la tontería de pregunta que le hicieron y el rápido agradecimiento por parte de su compañero como quién ha cumplido con el trámite de una conexión obligatoria, con lo que ambos quedaban igualmente mal, pero finalmente ha sido ella quién se ha llevado todo el recochineo. No me extrañaría nada que quienes la conozcan personalmente afirmen, que no lo sé, que es altiva, distante y muy poco sociable ¡no te fastidia! A ver quién en su lugar consigue seguir siendo natural cuando sabes que hay mil ojos y otras tantas orejas dispuestos a saltar tan pronto tengas el más mínimo desliz. Sí, esto va con el trabajo y el sueldo, pero hay ciertas cosas que el dinero y el éxito no compensan, menos mal que hay voluntarios dispuestos a que todos los ojos recaigan sobre ellos porque otros muchos no lo aguantarían. Gracias Sara.
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Noemí hace ‘edredoning’ en Brasil
Esto si el llegar y besar el santo, el jueves, Noemí recibía la noticia de que se iba a Brasil con motivo del intercambio y el sábado ya fue la protagonista de la semana, nada más llegar ya ha disfrutado de su momento de gloria, y todo porque en dos días ya tiene un vídeo por la red con la noticia Noemí hace ‘edredoning’ con Fael.
Tras disfrutar de su primera fiesta brasileña, Noemí sacó toda su pasión Española bajo las sábanas con Fael, los jadeos y movimientos eran más que evidente de lo que estaba ocurriendo en la cama. ¿le contará a Alessandro sus ‘aventuras’ en Brasil?, ¿le costará esto ser la próxima expulsada?, ¿Se reencontrará la canaria con Paolo dentro de la casa?, muchas preguntas…
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Creando el efecto Bustamante
Ayer tocaba plancha y, cuando una está en modo maruja de su casa, hay que hacerlo con todas las consecuencias, lo que significa enchufarse una buena dosis de Sálvame y ponerse al día de todas las miserias de sus colaboradores (porque esto antes iba de contar las miserias de los famosillos de turno, pero hace tiempo ya que se convirtió en programa autoreferente de primera magnitud).Nada más comenzar el programa, vemos a un furibundo David Bustamante poner de vuelta y media a una fotógrafa que, según parece, hacía guardia en la puerta de casa de sus padres (los del cantante, se entiende). Hace tiempo que Bustamante no protagoniza imágenes ni altercados de estas características, por lo que llamaba la atención verle en esta situación, hasta que una se acuerda de un pequeño detalle y todo encaja. Bustamante forma parte del jurado del programa El número 1, apuesta por el formato de concurso musical que Antena 3 estrena el próximo lunes y contra el que Mediaset está lanzando toda su artillería desde hace un par de semanas, en un ejercicio de contraprogramación tan molesto para el espectador como lícito en la batalla por la audiencia. Pero una cosa es contraprogramar y otra sacar trapos sucios de los profesionales que trabajan en la competencia.
Evidentemente, a nadie podemos culpar de su salida de tono que no sea al propio cantante. Nadie le ha obligado a montar el número y muchos tiros pegados tiene ya como para saber que algo así daría mucho qué hablar, máxime si estás a punto de protagonizar un nuevo estreno en televisión. Sin embargo, utilizarlo como noticia de apertura del programa y dedicarle cerca de una hora, suena ya a regodeo y queda mal o, cuando menos, sospechoso.
Mi sorpresa esta mañana ha sido comprobar cómo no soy la única a la que ha llamado la atención este ataque ‘ad-hominem’ y cómo los blogs de televisión se han llenado de comentarios destacando lo poco elegante del asunto y convirtiendo un hecho que en cualquier otro momento habría pasado desapercibido, en una gran publicidad del programa de Antena 3, todo lo contrario de lo que podríamos pensar se buscaba. Se ha convertido así al villano que tiene una salida de tono en víctima de una campaña orquestada para desgastar.
Ojo que no estoy diciendo que esto haya ocurrido de forma deliberada, pues insisto en que nadie ha obligado a Bustamante a ponerse chulito y, precisamente él, debería ser el primero en controlar su mal genio (justificado, seguramente) cuando está a punto de estrenar programa y su imagen es importante porque es la imagen del programa y de la cadena que le contrata. Lo interesante de la situación es ver como algunos programas están bajo sospecha y cualquier cosa que hagan puede ya volverse en su contra con gran facilidad, haciendo que, en este caso, lo que era una noticia que beneficiaba a unos y afeaba la conducta de otros, se haya dado la vuelta completamente para convertirse en deliberada o aprovechada campaña de desprestigio que no hace sino poner en el mapa el programa de Antena 3 y el miedo que aparentemente tiene Telecinco a que prospere en una noche tradicionalmente suya (dejando a TVE fuera de la ecuación).
Los profesionales y programas de televisión construyen su reputación a base de declaraciones, éxitos, fracasos, comportamientos que evolucionan o se estancan; todo queda, nada se olvida y tanto aquellas cosas que se hacen como las que los medios o espectadores comentan, comparten e incluso inventan, ayudan a crear una imagen que puede ayudarles a crecer y ser relevantes, pero que debe seguirse muy de cerca. Es imprescindible que los responsables de los programas estén muy atentos a lo que se percibe de ellos, por mucho que puedan considerarlo injusto o incierto, y medir hasta qué punto sus actos van a ser percibidos como ellos los cuentan o como ese bagaje acumulado los presenta. Lo que tradicionalmente funciona, un día puede dar una bofetada inesperada y convertir un regalo del azar en una manzana envenenada.
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Gran Hermano, la televisión hecha al revés
Hoy he pasado la mañana en Guadalix, disfrutando de los entresijos de la producción de Gran Hermano y de la exquisita atención que nos han prestado desde su productora, Zeppelin, poniendo a nuestra disposición a algunas de las personas más importantes de todo el engranaje del programa. Vaya por delante mi agradecimiento a todos ellos, a Ana por su colaboración y amabilidad y, por supuesto, al equipo de comunicación de Telecinco por hacer un hueco en su apretada agenda diaria para gestionarlo y adaptarse a mi agenda y necesidades .Para contar cómo he vivido el día de hoy, antes tengo que contaros una historia personal. Sin ella no se puede entender lo que para mí significa este proyecto, independientemente de sus particularidades, sus protagonistas o sus éxitos en antena: yo podía haber sido parte de Gran Hermano y dije que no.
Allá por el año 2000, cuando Gran Hermano era solo un proyecto y yo estaba de vuelta de haber trabajado en Los Ángeles como productora/realizadora en Fox Sports, no recuerdo cómo mi curriculum llegó a manos de Zeppelin, me entrevistaron para uno de los puestos de realización de la casa y días después me llamaron para ofrecerme el trabajo. El programa era completamente desconocido, el trabajo era a turnos de 8 horas (a veces por la mañana, otras por la tarde-noche, otras de madrugada) y yo, que pensaba que con mi experiencia me iba a comer el mundo de la tele, decliné el ofrecimiento y seguí buscando. Doce+1 ediciones después aún me estoy arrepintiendo y las lágrimas que solté el día que Ismael Beiro salía ganador de aquella primera casa de Gran Hermano, haciendo historia en audiencias y en formatos, no dejan de venirme a la cabeza cada vez que termina con éxito una nueva edición del programa.
Son las once de la mañana, recién llegados a la casa, lo primero que me sorprende es que la gente sepa llegar hasta aquí, no solo por lo apartado del mundanal ruido madrileño que está Guadalix, sino por lo difícil que es identificar el complejo que alberga la producción del programa y la casa y lo estrechito y poco practicable del camino. Pero ya se sabe como son los fans, que no hay nada que se les interponga, aunque a día de hoy todo el terreno esté vallado y exista una férrea seguridad a la entrada del recinto.
A la llegada nos recibe Ana Renilla, responsable de prensa de Zeppelin, una entusiasta del programa que rápidamente nos da las primeras indicaciones de como movernos por allí: mucho silencio, cuidado con acercarse demasiado a los cristales (especialmente yo, que iba de rojo) y nada de fotos con flash.
Enseguida nos pasan con José Luis Larrauri, quién será el encargado de darnos un paseo por lo que llaman la cruz de cámaras, los entresijos de la casa en su parte técnica. Originalmente dispuesto en forma de cruz para facilitar el movimiento de operadores y máquinas, hoy día ha terminado convertido en un laberinto de puertas y ventanas numeradas que hacen más complicadas las tareas del equipo técnico, pero que permite tener una casa más grande y con ello mayores posibilidades a la hora de hacer pruebas, dar libertad a los concursantes y que el espectador no tenga la sensación de estar viendo siempre el mismo espacio.
La sensación es muy extraña, pues uno pasea por la casa como si las paredes fueran transparentes, observando todo y a todos, en ocasiones siendo mirado casi a los ojos, pero sintiéndose invisible. A ratos quieres capturarlo todo en la cámara, otras veces quieres pedir una silla y quedarte allí atontado mirando y sobre todo, tienes una extraña sensación de distancia, como quién va a un zoológico (sin ánimo peyorativo alguno) y observa a los animalillos en sus ecosistemas simulados, sabiendo que no es real pero preguntándote si ellos son conscientes. Nada que ver con la sensación que produce verlos por televisión.
De allí pasamos al control, un impresionante espacio lleno de monitores desde los que se controla todo lo que ocurre en la casa, 24 horas al día. Sin embargo, a diferencia de lo que siempre hemos pensado muchos (los concursantes los primeros), no todo lo que pasa queda grabado. Hay más de 60 cámaras repartidas por la casa, de estas cámaras se va enviando lo más destacado a cuatro monitores de programa que sí graban todo lo que se pincha en ellos, generando así 96 horas de grabación cada día, de las que se extrae todo el material que luego vemos en los programas. Dos redactores presentes en la sala de control, pendientes de todo lo que se dice o hace, van avisando a los realizadores de aquello que consideran relevante y estos se encargan de mandarlo a programa para asegurarse que queda grabado, mientras los redactores van volcando la información en un ordenador para facilitar la búsqueda de materiales en la siguiente fase. Será otro equipo de redacción quién posteriormente lea esos desgloses y vaya seleccionando las imágenes para construir la historia y editar los vídeos que se emiten en cada programa. Al contrario que la televisión tradicional, en Gran Hermano la historia se cuenta al revés: primero ocurre, luego se escribe el guión.
Esta sala de control es un ir y venir de gente, de indicaciones, desde aquí también se abren las puertas del confesionario y hay una pequeña sala desde la que los redactores de turno hablan con quién haya entrado en él. Nuevamente, a diferencia de lo que siempre hemos pensado, cada concursante no tiene asignado un redactor con quién hablar, ni una persona de confianza, son los mismos para todos.
Después de imaginar lo que debe ser esta sala un jueves en horario de emisión, pasamos a charlar con Álvaro Díaz, director de las galas, el famoso Alvarito con quién “se pelea” Mercedes Milá por medio del pinganillo, otro enamorado del formato, orgulloso del trabajo que hace y muy consciente del valor que la presentadora aporta como representante oficial del orgullo GH. Mercedes es la cara visible de esta actitud, pero allí creo que todos llevan el pin.
En la conversación, Álvaro nos comenta lo contentos que están con la evolución de las historias este año, con la capacidad de dar juego sin necesidad de agrias polémicas o personajes especialmente detestables y que además la audiencia demuestre que sigue siendo fiel, dando al traste con la teoría de que es precisamente lo peor de cada casa lo que llama la atención.
Este año se ha buscado gente que sea más educada, que no diga tres tacos de cada cuatro palabras y parece que lo han conseguido. Yo puedo afirmar también que son limpios y ordenados porque a las once de la mañana tenían las camas hechas, todo colocadito y la fregona pasada. Hasta la piscina estaba reluciente, aunque para eso tienen un robot que hace el trabajo solo.
Preguntado por la atención que desde Zeppelin se presta a las redes sociales, a lo que los fans y detractores dicen del programa, a las críticas y peticiones, Álvaro nos comenta que, una vez más, la que encabeza la actitud positiva es Milá. Ella se lee todo, se pone al día con lo que gusta y lo que no y da feedback al equipo sobre la sensación general, proponiendo en base a estas opiniones. Obviamente, no todo lo que se dice se tiene en cuenta, bien por imposibilidad técnica, bien por sentido común, pero afirman tener siempre activada la escucha. ¡Hola Mercedes!
Por último, nos acompaña Floren Abad, director de la casa, el conocido como Super y, como se suele decir, curtido en mil batallas (GH, La casa de tu vida, Fama, Supermodelo…). Seguro que tiene mil y una responsabilidades, pero la que nos cuenta, la que vive con mayor intensidad es la de “consejero” de los concursantes, la de ser la voz al otro lado de la pared, esa persona con la que se desahogan cuando están tristes, enfadados o no pueden más y deciden marcharse.
Es tan importante el papel de esta persona como “elemento externo” a la realidad a veces claustrofóbica que viven, que en su descripción me recordó mucho a las relaciones que hoy en día se establecen por internet, esas relaciones que pueden ser tremendamente intensas con personas a las que no vemos jamás, con las que no compartimos amigos, experiencias, ni tan siquiera a veces tierra y que, sin embargo, se convierten en pilares fundamentales para mantener la cordura o acaban en enamoramientos desatados que a veces incluso terminan en boda. Tan parecida era la descripción que Floren nos hacía de su relación con los concursantes y como estos se vuelcan con “el super” cada año, que he llegado a preguntarle si alguna vez había sido objeto de enamoramiento por parte de alguno de ellos, pero me ha dicho que no ¿imagináis?
La manera en la que Floren ve el programa se parece mucho a las teorías sociológicas o psicológicas que a menudo estudian las implicaciones del formato en las personas que lo viven. Escucharle contar algunas de ellas, te hace ver las cosas de maneras que nunca te habías planteado y, cuando menos, te invita a ver el programa intentando descubrir cuántas de las personas allí dentro realmente están sintiendo esos cambios que se les presumen. Es cierto que vivir tres meses aislado de todo lo que conoces y sin ataduras ni bagage alguno te permite reinventarte y ser otra persona, probar como te iría con otra actitud o simplemente darte cuenta de que muchas de las cosas que consumen tu día a día son fruto del entorno y no específicamente de tu forma de ser. Para Floren, Gran Hermano es la oportunidad de reinventarse, de ver como sería tu vida en unas circunstancias distintas y muchas veces utilizar lo aprendido para cambiar tu realidad. Es una preciosa teoría que creo no todos los concursantes ponen en práctica, al menos no de forma intencionada. Es una preciosa teoría que desgraciadamente choca con la crueldad de exponer esa nueva vida a los ojos de millones de personas que te juzgan de forma injusta y sesgada, tanto cuando lo hacen críticamente como cuando te adoran.
Intentar resumir una visita como esta en un solo post es como intentar resumir la vida en la casa en una gala semanal, pero espero al menos haber transmitido la profesionalidad y el entusiasmo con el que se trabaja desde Zeppelin, donde luchan contra la rutina del formato mientras ellos mismos vencen su rutina como trabajadores del programa y se convierten en sus primeros fans.
Como todos sabréis, Gran Hermano ha sido desde el principio un formato muy criticado y no son pocos los que lo desprecian y lo ponen de ejemplo de la mal llamada telebasura. Para todos ellos, creo que alguien debería hacer un reportaje de cómo se vive la casa desde el otro lado de sus paredes, como se implican todos sus trabajadores y como disfrutan contándolo. Posiblemente no cambiarán la manera de pensar de la mayoría respecto al programa, pero seguro que empiezan a mirarlo de otra manera, con merecido respeto.
Para rematar la jornada, me han regalado un libro: Diez años en Gran Hermano. Diario de una guionista, escrito por Gilda Santana, una de las primeras personas que entró a formar parte del proyecto y que se ha animado a contarnos todos los detalles de una década de apuestas y cambios en televisión. Solo he podido hojear sus primeras páginas, pero creo que voy a devorarlo. El entusiasmo que destila el primer capítulo y el amor por un programa que ha cambiado la vida personal de muchos y la profesional de otros tantos es muy similar al que nos han transmitido los miembros de Zeppelin con los que hemos hablado esta mañana.
Para los más curiosos, he colgado un set de fotografías de la casa en mi página de Facebook.
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