Archivo del ‘Tolorosa.com’
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Catfish, zopencos en la red
¿Cuántas veces te has metido en internet y has terminado chateando con alguien a quién no conoces? Seguramente más de una, es algo típico en nuestros tiempos, una posibilidad tan sencilla como divertida y que, utilizada con cabeza, no tiene mayor peligro e incluso puede aportarte información de calidad en determinadas situaciones <MODO ABUELA CEBOLLETA ON>el mejor consejo de mi vida me lo dio alguien a quién nunca conocí, hace 18 años, cuando nos conectábamos a internet a través de compuserve con un modem lento y ruidoso<MODO ABUELA CEBOLLETA OFF</>.El problema de chatear online es el problema general de internet (y de los medios y hasta de la vida real), que no todo lo que ves o lees debes asumirlo como cierto y que las medidas de cautela deben extremarse cuando empiezas a contar cosas personales y a abrirte completamente a alguien convertido, sin conocerlo en absoluto, en la persona más importante de tu vida. Tan fácil conocerse la teoría como comprobar cuanta gente es incapaz de ponerla en práctica y termina por hacer planes de matrimonio con personas a las que jamás ha visto más allá de una fotografía en la que, por supuesto, están cachas y pintones. Y aquí es donde entra en acción el programa de MTV Catfish, basado en un interesante documental del mismo nombre, rodado por una persona que sufrió personalmente el desengaño de comprobar como aquella chica que tanto le gustaba nada tenía que ver con la realidad.
En Catfish se siguen las historias de personas que han conocido a alguien por internet y que, tras un tiempo, sienten la necesidad de encontrarse cara a cara, de vivir de verdad ese amor o esa amistad intensa que han forjado. Personas que no saben cómo hacerlo o temen el resultado final y que prefieren la compañía de un desconocido que ha pasado por el mismo trance que hacer las indagaciones correspondientes. Estas personas, al menos en los dos episodios que se han podido ver en MTV, están tan entregadas a esos hombres con los que mantienen una ciber-relación de casi un año que nada de lo que puedan escuchar o ver les resulta extraño, en una actitud de negación total que resulta francamente enfermiza.
En los tiempos de internet como medio de comunciación prioritario, no resulta extraño que los jóvenes establezcan relaciones profundas con personas a las que no han visto jamás, pero sí resulta extraño que no se pasen el tiempo conectados al videochat con la misma naturalidad con la que construyen esta relación. Si en un año solo has visto tres fotografías de una persona que afirma no poder conectarse a la webcam es que algo falla. ¡Pero si el presentador del programa es lo primero que hace para ponerse en contacto con ellos!.
Otra insensatez ¿cuantos de vosotros tendríais una relación con alguien a quién no conocéis y no se os ocurriría buscar su nombre en Google? Yo desde luego no tendría duda y en este caso nos demuestran que es realmente útil, pues el programa apenas tarda dos clicks en encontrar un montón de mentiras en la historia que cuenta uno de los protagonistas. Tan facilón y evidente como poco utilizado. Pero claro, el sentido común no es una de las virtudes de estas chicas.
Tras las pesquisas, el programa concluye con el encuentro entre los protagonistas de la historia, encuentro que al menos ayer resulta ser una decepción, pues al otro lado de los tíos buenos de la foto se esconden una mujer con sobrepeso y un hombre sin trabajo y cuatro hijos de una relación anterior. La primera reacción es de rabia y tristeza, aunque me llama la atención que el programa consiga que estas dos personas terminen hablando y dándose explicaciones, algunos incluso terminan siendo amigos, como nos explican en el cierre de la historia tras un seguimiento de algunos meses. Lo más divertido de todo, que el programa se preocupa de encontrar a la persona real que está tras las fotografías con que se produce el engaño y se la presentan a la pobre chica engañada que, ahora sí, puede empezar una relación de verdad con aquel del que creyó estar enamorada durante meses.
Empaquetado como entretenimiento y reality, me parece que este tipo de programa es muy educativo y podría fácilmente haberse emitido en TVE, pues este tipo de cosas son más servicio público que algunos bodrios que nos venden como tal. Aunque para eso, habría que conseguir que la gente joven viera TVE.
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Deporte y criterios de rentabilidad
Hoy es noticia que TVE ha comprado el mundial de superbikes hasta el año 2015, así como dos partidos de fútbol de segunda división de los que se está desprendiendo MarcaTV, competiciones ambas que no resultaban suficientemente atractivas o rentables económicamente para ninguna otra cadena, en un momento en que la burbuja de las competiciones deportivas empieza a sufrir su particular pinchazo, tantos años inflado a costa de una rivalidad entre cadenas desconocida hasta el momento.Es evidente que el coste de los derechos de retransmisión de cualquier competición deportiva es hoy en día mucho menor que en años anteriores, ya ni siquiera el fútbol de primera división es garantía de viabilidad de una empresa y, con la ausencia de las televisiones, no son pocos los deportes que tendrán que cambiar por completo su estructura de costes. Sin televisión no hay exposición de las marcas patrocinadoras, sin ellas no hay equipos potentes y sin ellos, los deportistas profesionales de muchas competiciones tienen complicado subsistir, creándose un círculo vicioso de difícil superación. Pese a todo, el deporte ha existido siempre y seguirá existiendo, quizá de otra manera, quizá más como deporte que como el negocio que es ahora.
Es en estas circunstancias en las que un canal público como TVE, a través de su canal temático Teledeporte, decide apostar por competiciones que no encuentran hueco en otras cadenas y darles un espacio en un lugar específicamente preparado para ello. Tiene todo el sentido si pensamos que hay un canal que emite deporte 24 horas y cuya función no es precisamente dedicarse a los deportes mayoritarios, ampliamente atendidos en otras cadenas pero, al mismo tiempo, una se plantea si los factores de rentabilidad no deberían jugar un papel aquí también.
Entiendo que temas como la educación, la salud, la conservación de las carreteras y tantos otros, son servicios públicos esenciales que deben estar atendidos dejando los criterios de rentabilidad en un segundo plano pero ¿en materia de televisión y deporte también? Me pareció muy positiva la actitud que en su momento tuvo TVE con la puja por la Champions y otras competiciones de primer nivel, retirándose de la misma por no inflar aún más unas cifras que no podían asumir. Me parece bien también que se retransmitan los juegos olímpicos, que generan importantes avances en materia de producción audiovisual, pero no tengo claro que andar recogiendo las competiciones que nadie más quiere porque no son rentables sea un servicio público. Pero claro, de hacerlo solo con criterios de rentabilidad, acabaríamos convirtiendo el deporte solo en un negocio y eso tampoco parece muy lógico.
Una prueba más de lo complicado que es gestionar, y hacerlo bien, una televisión pública.
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Rómpame a los concursantes con cuidado
Hasta ahora en televisión solo habíamos visto programas de golpes y trompazos en clave de humor, desde el más clásico formato de vídeos caseros hasta cosas como Impacto Total, de las que todos los implicados acostumbran a salir ilesos, pasando por los descerebrados de Jackass. Son formatos más o menos violentos en sus consecuencias, que no pasaban de un par de magulladuras y chichones, al menos en lo que se retransmitía en pantalla. Y aún queda por llegar Fear Factor, que no tardará.Sin embargo, una vez más por culpa de la necesidad de reiventarse y llamar la atención con entretenimiento extremo, empiezan a aparecer nuevos formatos que pueden convertirse en un grave riesgo para los implicados quienes, llevados por el afán de protagonismo, fama y también, por supuesto, dinero más o menos fácil, se dejan enredar en programas que, por muy controlados que estén, no están exentos de riesgo.
Lo acabamos de ver en Gran Hermano, un caso que debemos reconocer como accidente desafortunado, cuando uno de los concursantes no entendió el sistema de acceso a la casa y se lanzó al vacío, con la mala suerte de romperse los dos húmeros. Quizá hubiera bastado con que la organización le hubiera informado de que había una tirolina por la que debía deslizarse, pero seguramente nadie imaginó que un hombre de más de 30 años se lanzaría en plan superman sin evaluar las consecuencias primero o escuchar las indicaciones de sus compañeros. Sea como fuere, la culpa no es de nadie más que de la producción del programa, entre cuyas responsabilidades está evaluar riesgos y tener en cuenta todos los posibles escenarios cuando se trata de una prueba de estas características.
Los protagonistas de estos realities no tienen miedo, no porque sea un caso extremo de valentía, sino porque asumen que todos los riesgos que se les plantean están controlados. Existe una fe ciega en la televisión que provoca en el espectador una necesaria tensión que le hace seguir pegado al programa, mientras sus concursantes entregan su alma y su cuerpo al programa, como si nada malo pudiera pasar, tanto más cuanto más ajenos al medio son. Es cierto que, tras pasar por Grandes Hermanos, Operaciones Triunfos y Expediciones Imposibles, no son pocos los que se quejan de las malas condiciones del concurso pero, mientras están allí o incluso en el proceso previo, todo es alegría y aventura, todo es ilusión y se firman contratos leoninos en los que se entrega cuerpo, alma e integridad física con la esperanza de que, detrás de esos papeles, haya gente consciente de las limitaciones del ser humano, de cada ser humano en particular y de los posibles accidentes.
Y hay que ser extremadamente cuidadoso, pues no vale con tener seguros contratados que protegen a televisiones y concursantes de cualquier posible eventualidad, seguros que no deben ser baratos y que, a la vista de la evolución de los concursos, acabarán por serlo aún menos, pues la escalada de dificultad en estos formatos empieza a ser delicada. O la partida del presupuesto dedicada a esta cobertura es muy grande o quiera la fortuna que no pasé nada malo y tengamos un susto importante.
El último ejemplo lo tenemos en los programas acuáticos que preparan Antena 3 y Telecinco, donde los famosos deben tirarse desde trampolines de distinta altura, arriesgándose a lesiones de carácter muscular como la sufrida por Sonia Ferrer o, como le ha ocurrido al ex-gran hermano Piero, una rotura de tímpano derivada de una mala caída, que no es un problema menor. “Temo” (ojo al entrecomillado) también por la salud de Lidia Lozano, que hace tiempo comentaba en Sálvame sus problemas de espalda, agravados por una mala sesión de baile en plató, y que ahora no tiene inconveniente en sumarse a los saltos de trampolín (Lidia: la natación es buena para la espalda, pero la de gorrito y brazada suave, no esta).
Como será la cosa que gente joven y con carrera como la cantante Soraya se ha echado atrás en el concurso antes de entrar en su fase más activa y a pesar de tener firmado ya el compromiso y haberse publicado su nombre. Ha debido ver que los riesgos eran mayores que la posible campaña de promoción de su nuevo disco y no ha dudado en rescindir un seguramente suculento contrato, con muy buen criterio y beneficiada por la buena relación que tiene con la cadena, con la que ha colaborado en anteriores ocasiones.
¿Veremos alguna lesión más en los próximos días? ¿Estará el público interesado en ver el programa por esos cuerpos más o menos estilizados embutidos en sus bañadores de latex o por reírse de los planchazos inhumanos que con toda seguridad se van a suceder? Tiendo a creer que será más por lo segundo, pues no hay posible rivalidad entre un carpado con doble mortal y un buen planchazo de Raquel Mosquera pero ¿es esto edificante? ¿vamos camino como dice Sonia del snuff tv?
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Premios Goya 2013
Se preveía una gala reivindicativa y llena de soflamas anti gobierno como aquella del “No a la guerra”. Todo el mundo estaba expectante ante lo que pudiera pasar y hasta el Presidente de la Academia había pedido que no se politizará la gala, consciente como era del daño que aquella otra provocó en “el cariño” de gran parte de los españoles hacia la industria en general. Tánto se hablaba de cómo de beligerantes serían los discursos de los actores, que hasta periodistas y colaboradores de algunos medios de comunicación, con el ABC a la cabeza, habían pedido a TVE que no hiciera de altavoz de estas protestas y no emitiera la gala, en lo que sin duda era prender una llama en un terreno ya de por sí muy candente. Y quizá haya sido por toda esta polémica previa por lo que al final la gala de ayer no me haya parecido tan tremendamente politizada como se esperaba. Sí, muchos de los ganadores y presentadores soltaron sus frases reivindicativas, pero me parece que lo hicieron de una forma muy general y hasta descafeinada para lo que estamos acostumbrados a ver en algunos de sus protagonistas.Sin el “divertimento” del numerito político y con la soporífera duración de la gala, el programa de televisión como tal resultó aburrido, tedioso y, una vez más, soportable gracias a la inestimable compañía de la familia tuitera… y eso que yo me incorporé tarde, cuando el discurso del Sr.Macho ya había sulfurado a más de uno. A cambio, me había tragado parte de la pregala, ese formato que ahora llaman “Alfombra Roja” como concepto televisivo y que, aún apreciando el conocimiento que sus conductores tenían sobre los protagonistas y sus curriculums, se hizo también largo en sus entrevistas. Reconozcámoslo, el interés de estos momentos en los que los actores más conocidos del país van entrando a la fiesta no es otro que echar un vistazo a sus modelazos, sus peinados, sus tacones y sus esmoquins, no hay más. Así, cuanto menos se enrollen con cada una de las personas entrevistadas, más tiempo tendremos de ver a los demás y más gente podrá pasar por delante de las cámaras. Sí, queremos escucharles, pero un poquito solo, la pregunta de rigor y pasando el siguiente ¡que hay cada uno que se enrolla que da gusto y eso es muy poco televisivo!. Por cierto ¿para qué sacaron a Anne de su casa un domingo por la tarde? Aparte de para vestirla de señor.
El momentazo de la gala: el premio a Concha Velasco por toda una vida dedicada a la profesión. La homenajeada se marcó un monólogo al más puro estilo Club de la comedia, monólogo que agradecimos por lo preparado y natural (en una estrellona como ella, ir de diva es lo más natural), pero que quitó emoción al momento, habitualmente entrañable y mocoso. Parecía que se iba Concha cuando algunas de las caras conocidas con las que trabaja, como Mar Regueras o Amaia Salamanca y otros sorprendentes acompañantes como Fernando Tejero o el resucitado MAM aparecían en el escenario para cantarle un poutpurri de canciones que rápidamente quedó calificado como el minuto de la vergüenza entre los espectadores que tuiteaban el evento. Personalmente, creo que este tipo de galas necesitan cosas así y me da igual que lo hagan bien o mal, que no canten una nota afinada o que los floripondios del pelo de ellas sean un horror, al menos me divierto viéndoles intentarlo y saliéndose de su encorsetado papel de estrellas. En cualquier caso, toda la vergüenza ajena que aventuraba su actuación quedó rápidamente eclipsada con la metedura de pata de Adriana Ugarte al nombrar un ganador que no era tal, equivocación que no había logrado entender hasta que he visto este vídeo en el que se arroja algo de luz sobre los motivos de la confusión: una tarjeta mal colocada y una presentadora a la que todo le importa un bledo.
Por suerte para Adriana también, poco después aparecía Candela Peña con su recién ganado Goya a hacer el speech quizá más sentido de toda la gala, por lo personal y rabioso, aunque después del shock seamos muchos los que nos preguntemos si no estaría exagerando un poco para el papel. En este sentido, no tardó en formarse un gran revuelo en torno a sus declaraciones, que aparecían en YouTube bloqueadas por copyright en lo que muchos quisieron ver como una mano negra del gobierno censurando sus palabras. El argumento caía por su propio peso tan solo con entrar en la web de TVE, que a casi toda pantalla mostraba el vídeo completo de su discurso, echando por tierra cualquier teoría conspirativa. Tan acostumbrados estamos a ver algunas cosas en YouTube, que tendemos a olvidar que son muchas las fuentes originales de los vídeos que los ponen a disposición de cualquiera en sus propias webs, ahorrándonos el trabajo de tener que buscarlo en otro sitio donde, a veces, pasan estas cosas. Incluso en el perfil oficial de TVE en YouTube estaba disponible. ¿Que es TVE quién hace que el vídeo aparezca bloqueado en otros perfiles? Claro que sí, pero no por una cuestión de censura. Es más, si Candela Peña hubiera dicho Vota PP, tampoco en YouTube se hubiera podido ver anoche.
Por último, una reivindicación por mi parte, ya que estamos: señores del cine que piensan que la televisión es una industria menor, echen un vistazo a su alrededor en la gala ¿Cuantos de los que subieron a presentar un premio o estaban nominados son más conocidos por sus papeles en series que por sus películas? (Incluyendo a un Resines cuyo gag me pareció un divertido gesto de autocrítica, Concha Velasco o su dulce sobrina, que hizo no pocos pinitos como presentadora de 40TV), ¿Cuantos premios se llevaron películas financiadas por cadenas de televisión que, además del dinero que invierten, hacen campañones de publicidad que multiplican el éxito en taquilla? ¿Que clase de gala se haría si no retransmitiera por televisión? de vaqueros y pincho de tortilla. ¡Pues eso!
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Suicidios, autocensura y responsabilidad
Durante mucho tiempo el tema de los suicidios fue tabú en los medios de comunicación, se creía que hablar de ellos podía incitar a otras personas con tendencias suicidas a optar por esta terrible idea y así, no sé si de manera oficial o autocensurados, los medios no acostumbraban a hablar del asunto. Incluso la OMS tiene unas pautas para estos casos. Hasta que llego la terrible crisis que nos afecta, los desahucios que conlleva y sus víctimas desesperadas, incapaces de enfrentarse a la terrible situación. Y los medios ya no pudieron darle la espalda más, necesaria como consideran la denuncia desde sus platós, de situaciones desesperadas como las que se dan a diario en nuestras calles.¿Qué ha cambiado? ¿Es el hecho de que los suicidios sean todos por la misma causa suficiente para que la denuncia televisiva se haga real y deje de esconder una realidad que tantas veces ha destruido a personas y familias?. Si antes dábamos por buena, o mejor dicho, los medios daban por buena, la autocensura amparada en que la salida más desesperada no debía ser amplificada en los medios “por no dar ideas” ¿acaso no se está ahora cayendo precisamente en el error que antes se buscaba evitar?
Soy de la opinión de que nada debe ser censurado en cuestión de información, que un dato como la causa de la muerte de alguien relevante, bien por ser conocido o por las propias circunstancias del fallecido, debe ser tratado con el mismo respeto que el resto de información alrededor del hecho, pero nunca ocultado. Si se trata de una información de interés, esconderlo con eufemismos y misterios no me parece la mejor idea, pues solo alimenta especulaciones que terminan por faltar al respeto de quién ya no puede defenderse.
Sin embargo, sí considero que la manera en que se tratan este tipo de noticias puede exigir un cierto grado de delicadeza mayor, para no provocar en personas en situaciones similares siquiera que se les pase por la cabeza hacer lo mismo y, por tanto, casi se antoja imprescindible mencionar el hecho, pero no intentar indagar en los motivos. Así, cuando una persona decide abandonar a su familia y su vida entera por no poder soportar la presión de unas deudas o unos procesos judiciales que no puede afrontar, preguntar a sus familiares y amigos si con este hecho se salda la deuda o se cobran seguros de vida es de una insensatez y una irresponsabilidad sin precedentes, pues todos sabemos que no es así y muchos en la misma situación y con poca formación pueden ver el cielo abierto y la solución a los problemas de aquellos a los que más quiere.
Pues esto mismo ha pasado esta semana en un programa matinal de máxima audiencia, cuya presentadora hacía este tipo de preguntas sin explicar a continuación que, de haber sido esos los motivos, habría sido un terrible error, pues ni las deudas se extinguen con la muerte, ni los seguros de vida cubren la circunstancia de una muerte autoinflingida. Citar estas dos posibilidades me parece tremendo, una barbaridad descomunal y una actitud sancionable, mucho más enérgicamente que enseñar una teta en horario infantil o decir cuatro palabrotas.
Cuando se escuchan y ven algunas cosas, una llega a plantearse si los profesionales de algunos medios están preparados para enfrentarse a las situaciones de las que informan… o desinforman. Para hacerlo así, casi mejor que te autocensures.
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Filosofando ando
En la sociedad en qué vivimos parece que se han instalado, aparte de la corrupción y la desvergüenza, o precisamente como consecuencia de ello, algunas actitudes en la televisión y sus espectadores que, a base de repetirse, acabarán por cambiar la manera en que los espectadores nos enfrentamos a la información y el entretenimiento. Estos son solo algunos ejemplos de cosas que han ocurrido recientemente en televisión y que muestran comportamientos extraños o que, sacados de contexto o simplemente cambiados de canal, podrían significar cosas muy distintas.Empezamos por una cuestión idiomática: desde hace años se nos ha reiterado desde numerosas instancias que los nombres oficiales de las ciudades y provincias españolas son los nombres en el idioma propio de la autonomía a la que correspondan. Tan es así, que hubo que cambiar todas las señalizaciones en carretera, con no poco gasto, para que La Coruña fuera A Coruña, Orense se convirtiera en Ourense, Gerona cambiara a Girona y así sucesivamente para cientos de poblaciones de la península. De igual modo, en los informativos parece que el libro de estilo de todas las cadenas adoptaba esta norma y no recuerdo ninguna que se lo saltara. Y digo que no recuerdo porque no es algo en lo que me haya fijado particularmente, pero sí debe haberse instalado de tal manera que ahora el uso de la nomenclatura castellana me suene extraño y así, escuchar este domingo Gerona y Playa de Aro en un informativo me resultara llamativo. ¡Estos retrógrados de TVE! Pensarán algunos y, sin embargo, la cuestión no tuvo lugar en TVE sino en Telecinco, algo todavía más chocante y que me lleva a pensar la que se habría montado en redes sociales y hasta en el parlamento de haber ocurrido en la cadena pública. No entro a juzgarlo, solo pretendo llamar la atención sobre la cuestión y las posibles implicaciones que habría tenido lo mismo en otro canal.
Sí se ha líado sin embargo en TVE con los recortes a Herederos, la serie originalmente producida para el prime time y que ahora, en redifusión a media tarde, ha eliminado escenas subidas de tono o violentas, con lenguaje inapropiado y situaciones no permitidas en el horario de superprotección infantil. Dejando a un lado las dudas que pueden surgir sobre la legitimidad de recortar una obra audiovisual sin el permiso de sus creadores, las acusaciones de homofobia no se han hecho esperar, al desaparecer un beso entre dos hombres. Al día siguiente de las primeras protestas se explicaba en algunos medios que no era el beso el que se estaba censurando sino la situación violenta que la escena retrataba, pero eso no ha impedido que UGT denuncie a la cadena en el tribunal de derechos humanos por censura homófoba. Una polémica que se habría evitado fácilmente si no se hicieran cosas como emitir por la tarde productos creados para la noche.
Lo malo de todas estas cuestiones es que van generando malestar social, van creando una sensación desagradable de que todo está mal, de que nada se hace sin segundas intenciones y una necesidad de denunciar y atacarlo todo que degenera en rabia y mucha demagogia. Y en ese punto empieza a estar el programa Salvados, que empezó muy bien, con grandes interrogantes, con entrevistas incisivas a personas que están de actualidad permanentemente pero a las que nunca se hacen las preguntas adecuadas, a plantear cuestiones que dejan respuestas sin necesidad de que el interlocutor abra la boca y que ahora, tras recibir los aplausos y el reconocimiento de espectadores y críticos empieza a moverse en la delgada línea que separa la denuncia social de la demagogia.
Porque un programa como Salvados, destinado a sacar los colores a políticos y empresarios que no hacen su trabajo como deben, no debería mostrar únicamente una parte de la historia, aunque sea esa el centro de la polémica, haciendo parecer que es toda la verdad. Los finlandeses, muy buenos en educación sí, pero ¿por qué no contamos que en España hay modelos educativos que siguen esa misma filosofía avalados por el propio gobierno de Finlandia? ¿Por qué no contar que hay instituciones españolas que salen recurrentemente en el Top europeo de los centros educativos de postgrado? La sanidad, fatal, con los recortes aún peor pero ¿por qué hablar de un copago sanitario por ir al médico como si fuera un hecho cuando, por el momento, eso no se ha dado? A mí esta parte de la entrevista a Rafael Bengoa (asesor de Obama para su reforma sanitaria) me pareció muy tramposa, pues partía de unas bases que, a día de hoy, no son reales, pues no existe el copago por ir al médico como se podría desprender de la conversación. Se re-pagan algunas cosas que antes no tenían coste adicional, pero no la atención médica.
Segmento 5 del programa
Jordi Évole: ¿Los recortes y el copago sanitario van a ayudar a hacer más sostenible el sistema?
Rafael Bengoa: No, es la propia Merkel que dice “No ha funcionado el copago en Alemania, lo corto”
Jordi Évole: ¿En Alemania han quitado el copago?
Rafael Bengoa: En el mismo momento en que nosotros lo hemos metido
Jordi Évole: Pero ¿esto cómo se entiende si estamos ahora mismo copiando toda su política? ¿cómo no copiamos esto?
Rafael Bengoa: Da la sensación de que si tú le metes un copago la gente va a venir menos (…)
Es fundamental que este tipo de programas sean muy rigurosos, pues es la única manera de que conserven su credibilidad y no se conviertan en un arma arrojadiza contra el gobierno (del color que sea) basada en medias verdades que alejarán a sus simpatizantes de la verdadera problemática social.
En este sentido, y ya para terminar el speech, voy a la expresión de moda en televisión: “Mi verdad” ¿Qué es eso de mi verdad?. Uno piensa que la veracidad de las cosas se establece en función de una serie de parámetros que la hacen real, verídica, comprobable. Sin embargo, metidos en polémicas, discusiones y juicios, son numerosos los acusados o protagonistas de la historia que hablan de su verdad, es decir, la que ellos cuentan, la que les conviene, la que se adapta a su discurso, incluso la que ellos se creen, sin necesidad de que esta se ajuste a la realidad. Empecé a escuchar la expresión de boca de algunos famosetes en programas de puro entretenimiento tipo Sálvame, pero lo peor es que ha ido evolucionando y ya son los poíticos acusados de corrupción o prácticas dudosas los que la utilizan y eso ya son palabras mayores. Lo peor del asunto, que una va a la RAE buscando apoyo a sus argumentos y se encuentra con que la definición de verdad es cualquier cosa menos contundente. A saber:
verdad.
1. f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.
2. f. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.
3. f. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna.
4. f. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente.
5. f. Cualidad de veraz. Hombre de verdad
6. f. Expresión clara, sin rebozo ni lisonja, con que a alguien se le corrige o reprende. U. m. en pl. Cayetano le dijo dos verdades
7. f. realidad (‖ existencia real de algo).
No es la única acepción que encaja en la utilización marullera del término, pero ya la primera echa por tierra el concepto de verdad con que al menos yo me he criado y es que basta con que la mente de uno así lo crea para que se pueda decir de las cosas que son verdad ¡Apañados vamos!
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